Ayer se celebró, el ahora
"materialista" Día de la Madre. Y es que, la frívola publicidad te
dicta que debes regalarle a tu madre: una lavadora, o una refrigeradora,
o en su defecto una cocina, o mínimo un celular moderno con acceso a Facebook,
en fin; todo aquello que le genere a la industria mayores ingresos financieros.
Claro debería ser más importante la celebración en sí, pero ¿acaso eso importa
realmente a los que mueven este negocio? Sí porque esto es un sucio negocio. Lo
que opine en verdad una madre pasa a ser secundario. No para mí, quizás no para
usted, pero sí para toda esa masa de firmas que buscan vender de todo, a
costillas de nuestras mamitas.
Lo que es yo, si quiero regalarle algo a
mi madre antes de preocuparme de accesorios para el hogar, le quiero regalar
orgullo de mi persona, aunque ahí estoy al debe. Quiero que ella vea mis
triunfos y se sienta bien como mamá. Quiero cocinar para ella, y recordarle -por
si hace falta- que la amo y me hace mucha falta. Ella sabe que en mí tiene a un
hombre que la hace respetar, y que busca hacerla sentir bien en la medida de
mis posibilidades.
Pero no pienso en comprarle cosas para
que siga trabajando, como si fuera mi "esclava", eso sí que no. La
madre no es Ama de Casa, como tampoco la Navidad debería ser sinónimo de gastar
y gastar. Hay millones de madres que desearían que sus hijos las visiten, que
ya no la hagan sufrir, que sean correctos, que no sean personas corruptas, que
sean amorosos. Pero a nadie parece importarle eso. Sino compras algo
material, simplemente tú no quieres a tu madre. Algún imbécil debe haber
sentado dicha "norma".
El dinero no es la felicidad pero cómo
se le parece. Así reza un dicho mas que cierto. Pero más verídico es aquel que
dicta que hay gente que es tan pobre, que sólo tiene dinero. En lo personal,
sólo me resta decir: "Gracias madre porque me has dado más de lo que en
serio merezco. Gracias por ser una mujer profesional y cuya cultura he tratado
humildemente de asimilar. Gracias porque cuando salvé de la muerte, fuiste tú
quien más me apoyó para seguir en pie. Lo sé aunque no estuviste a mi lado -por
estar yo tan lejos-, pero sí lo estuviste en pensamiento y oración.
Todo lo que me has regalado no lo puedo retribuir comprándote cosas materiales de escaso valor, salvo el material. Quiero regalarte momentos felices y no licuadoras ni hornos microondas. Dios bendito gracias te doy por tener a mi madre con vida. Soy muy afortunado.
